El titulo de esta historia, es el nombre del templo que todas las bocas repiten luego de visitar Camboya. Un poco el más famoso, otro poco el más importante dentro de la historia de los reinos que en la actualidad tomaron formato de nación y nombre de Camboya, Angkor Wat es un tremendísimo lugar, construido y labrado en piedra.
La cantidad de detalles, la variedad de dibujos labrados en la roca, incluso palabras en Sanscrito esculpidas en los muros interiores del templo, que en realidad no es una unidad, sino una serie de diversas construcciones, encerradas o protegidas dentro de un rectángulo cuadrangular, cercado en toda su periferia por una gran fosa cubierta de aguas verdosas.
Tanto en lo que sugiere la entrada como en la parte posterior del segundo gran templo, hay puentes o pasarelas gigantes de roca por la cuales acceder a hasta maravillosa construcción.
Y siempre el mismo dilema: cuantos años, cuanta gente, cuántas vidas, cuantos reyes, han pasado y se han ido para poder llegar a construir algo así: cuando estas allí, te buscas una sombra que te refugie un poco del sol imperante, solo para sentarte, descansar de tanto andar, pero más que nada, para contemplar esta gigantesca pieza de arte, y es justo en ese momento cuando el hecho de sentirte maravillado se golpea, discuten y nadie gana, en esta lucha de todo lo que uno imagina ha dolido construir algo así.
Más allá de eso, Angkor Wat es realmente increíble. Estamos hablando de miles y miles de metros cubiertos de construcción, donde el arte de la decoración cubre y embellece cada centímetro cuadrado. Las gigantescas torres que se erigen en el centro del templo y que contemplan y resguardan desde lo alto todo cuanto sucede a altura de suelo (aquí otra cosa: por no saber ni estudiar el destino previamente, no pudimos subir a las torres, porque estaban en mantenimiento: igual me queda la duda si esto era cada semana el mismo día y lo podríamos haber salvado, o fue de esas inevitables coincidencias de la vida que “por algo serán”)… Bien, como decía, las magnificas torres, que además de eso, son emblema y son la pintura que da vueltas al mundo.
Había estado antes, por suerte, visitando ruinas de templos Mayas, Incas, Romanos y Griegos… la verdad que con estos de Asia pude sentir que no lo había visto todo, que aún queda muchísimo por descubrir, y eso me animo mucho… seguro tengo que regresar…