En Camboya, más que nada en Siem Reap, debido y gracias a la multitud de templos y las ruinas de ellos, lo que se acostumbra es a moverse en “Tuk – Tuk”.
El Tuk-Tuk es una motocicleta que tira a un carrito. A veces un carro para dos personas, otras para cuatro y otras tantas, increíblemente vi motos tirando de un carro con más de 10 personas arriba.
Como decía, los alrededores de Siem Reap son realmente una serie impresionante de templos, más bien sus ruinas. Y se utiliza mucho trabar acuerdo con algún dueño o conductor de Tuk-Tuk, así ellos mismos te llevan por cada templo. La idea es que uno paga un ticket que vale por 1 día, por 2, o por el mismo precio que dos días, uno tiene un ticket que vale por tres días de accesos.
Pensabamos en 2 dias enteros de visitas, pero el cansancio nos gano la partida y solo hicimos uno, el sigueinte fue de recuperacion y preparacion para infinitos transbordos en los vuelos.
Asi que al acordar con un muchacho, recomendado de otro con quien habiamos recorrido Phnom Phenm (la capital de Camboya), el nos dijo que iba a seleccionar los mejores templos para visitar. Su preguta fue: que prefieren, amanecer o atardecer. Se me hizo que para las fotos el atardecer siempre luce mas, asi que eso fue lo que elegimos y, al terminar el dia, realmente entendi el por que de esa pregunta y realmente valio la pena.
De todos modos, la idea es que si uno hace mas de un dia de visitas, lo mejor es trocar: un dia atardecer, otro amanecer…
Y asi fue que llegamos al templo de los “mil rostros” al atardecer de aquel fantastico 3 de Noviembre: un templo donde rostros gigantes, al estilo de la Isla de Pascua, adornan y resguardan un templo muy magico, muy especial, con torrecillas que permiten una vista increible desde lo alto, con pasillos que aconsejan tener cuidado para no perderse en el tiempo y no colapsar emocionalmente al estar pisando esa antigua roca, labrada y elaborada tantas años atras.
Y esos rostros, precisas y delicadas expresiones que, gracias a los maravillosos juegos que el sol practica en cada atardecer, en algunos casos eran sombras, y en otros resplandor naranja, amarillo, ocre, gris, permitidiendo y haciendo de esa visita no solo una experiencia, sino un momento en el tiempo, en la vida.