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EspañaPaís Vasco
17-07-2010
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Cien años después de una mentira

Una fotografía en blanco y negro, casi amarillenta, que desde hace unos meses ha vuelto a coger notoriedad, ilustra la mayoría de los reportajes que se han hecho sobre los cien años de los Pirineos en el Tour. Es Octave Lapize, a pie, en la primera subida al Tourmalet en 1910. Alternaba la marcha a pie y en bicicleta para llegar a su cima, con un desarrollo inadecuado. Lapize iba como podía mientras que Gustave Garrigou había recibido una prima de cien francos franceses, mucho dinero para la época, por subir montado en su bicicleta.

El único que podía tener algo más de idea de a qué se estaba enfrentando era Lafourcade, que era de una localidad cercana a Salies-de-Béarn. Pasó en cabeza el Soulor y el Tortes, un puerto que se ha perdido para el ciclismo, pero no para el cicloturismo. Dicen que el desarrollo que se usaba entonces era de 39-19, demasiado para los tiempos que corren actualmente. La etapa, con salida en Luchon y llegada en Bayona, tuvo ¡326 kilómetros!

Se disputó el 21 de julio de 1910 y en ella se pasaron el Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque. Ganaba en Bayona Octave Lapize, que estaba considerado un rodador, más que un escalador. El primer corredor en coronar el Tourmalet vencía en esa jornada que se convertiría en mítica. Salieron de Luchon a las 3 de la mañana del día 21 y llegaron a Bayona a las 6 de la tarde de ese mismo día.

Lapize, todo un personaje con unos enormes bigotes que no le hacían pasar desapercibido, era un empresario de la bicicleta, que empezaba poco a poco a convertirse en un negocio. Las correas Lapize y las bombas para hinchar tubulares del mismo nombre adquirieron un prestigio. Su padre era cervecero en Mende y él nació en París. Cuando Lapize pasó por el alto del Tourmalet la montaña no tenía nada que ver con lo que es hoy en día. Sus 2.115 metros estaban salvajes, en un territorio en el que había osos, lobos y que permanecía buena parte del año nevado.

Sólo cuando llegaba el deshielo podía atravesarse. Las carreteras hace cien años eran otra cosa muy distinta a lo que conocemos hoy en día. Lapize tardó cuatro horas en cubrir los primeros 76 kilómetros de la etapa. Le quedaban 250 para llegar a Bayona. Su ventaja era que ya había coronado el Tourmalet. Lafourcade le había adelantado. Los hombres de confianza de Henri Desgranges, el creador del Tour, con Víctor Breyer a la cabeza, se mostraban inquietos en la cima del Aubisque: «Aquí no llega nadie. Los Pirineos han sido demasiado para los corredores», le decía Víctor a su jefe.

De pronto aparecieron unas sombras en la carretera tambaleándose. Breyer, periodista de L' Auto, le inquirió a Lapize, «¿qué hay, Lapize?». La respuesta que se encontró quedaría para la historia del ciclismo y del deporte: «¡Sois unos asesinos, sois unos asesinos!».

Catorce horas y diez minutos hacía que habían salido de Luchon cuando Lapize entró en Bayona. El primer héroe del Tour moriría años más tarde en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Otro nombre propio es el de Eugène Christophe. Él encarna la leyenda absoluta del Tour. Recorrió catorce kilómetros a pie en el descenso del Tourmalet en 1913 para ir a reparar su cuadro a una herrería de Sainte-Marie-de-Campan. «Había que intentar llegar», dijo.

Reconocimiento
El brazo derecho de Henri Desgranges, el padre del Tour, era un periodista, Alphonse Steinès. Henri le mandó a reconocer el Tourmalet en la primavera de 1910. El Tour tenía ocho años de existencia. Las montañas de los Vosgos se les habían quedado pequeñas a los organizadores. Steines hizo la ruta entre Luchon y Bayona por los Pirineos.

Desgrange pensaba que esos caminos resultarían intransitables. Steines y su chófer comenzaron a subir el Tourmalet por la vertiente de Sant Marie de Campan. A cuatro kilómetros de la cima se encontraron una pared de nieve. A Steines no se le ocurrió otra cosa que seguir el camino a pie, en contra de la opinión de su conductor. Pasada la media noche salieron a buscarle porque no aparecía. Con nieve hasta las rodillas un hombre apareció en el pueblo de Bareges, lleno de harapos, sucio, sin fuerzas y congelado por el frío.

Era Steines. Lo primero que hizo fue poner un telegrama a Desgranges: «Atravesado Tourmalet. Muy buena ruta. Perfectamente transitable». Los Pirineos aparecieron en el Tour de Francia gracias a una gran mentira. En ellos se han vivido hazañas como la de Robic, Federico Martín Bahamontes, Eddy Merckx o Richard Virenque, pero también dramas como la muerte de Fabio Casartelli o la caída de Luis Ocaña.





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